El sueño era atroz: justo cuando la chica que estaba a mi lado iba a pasar la tarjeta de crédito me preguntó: «Álvaro, ¿recuerdas que esta fue la tarjeta que sin razón alguna empezó a emitir un brillo una noche en Londres?». No sé si me desperté poco después de la pregunta o si el brillo que vi en mi cocina era parte aún del sueño. Lo que sí estoy seguro es que minutos después hubo un ruido allí. Algo se movía con mucha fuerza como para ser un insecto. Me levanté, examiné la cocina, perdí el sueño. Ahora son las 3.40 am y dudo que vuelva a dormir en lo que resta de día.
Hoy es día de ánimo explosivo. Indicado para dejar de seguir a muchos por estos lados y por otros. Borrar contactos inútiles de messenger. Qué gusto da descubrir que ya no sientes vinculación por determinadas personas.
…la gente que presume de cosas que no tienen o tienen en muy poca cantidad. Y no me refiero a dinero: me refiero a artistas-escritores jóvenes que porque se ganan un premiecito piensan que debemos rendirles pleitesía, a bandas que se separan y luego planifican su reencuentro con un año de anticipación para que les jalenbolas… y siempre hay jalanolas de sobra (por favor, ni que tuviesen la talla de un gran grupo), a las personas sin tiempo que organizan eventos en honor de músicos fallecidos y luego quieren atribuirse a sí mismo el éxito del músico muerto y, en general, a todos esos payasos que carecen no de humildad (que no me gusta) sino de decoro y medianamente sensatez para darse cuenta que el mundo no gira entorno a ellos. Pila de imbéciles presumidos todos.
…ni nunca entenderé a las notarías y registros de Venezuela: el mismo modelo de documento firmado por mí que aceptan en una notaría, cuando lo llevan a otra notaría lo rechazan porque le falta algo o sobra algo. Y el documento que rechazan en una notaría cuando lo llevan a otra lo aprueban. Obvio: el cliente al que le rechazan el documento que firmé no lee mi Tumblr y siempre quedo con la cara enrojecida de pena gracias a la sensibilidad jurídica del burócrata de turno.
Aunque octubre terminó ayer, acá van mis consideraciones del mes (en realidad son dos, y todas las demás giran entorno a ellas):
1. Gasté mucho dinero, más de lo que gané (y eso es bastante). Una serie de gastos inesperados se llevaron por la cañería semanas de lecturas de libros de medicina (en eso trabajo, ¿les había dicho? Bueno, imaginen que así lo hice). Noviembre será mes de economía de guerra.
2. He recibido varias críticas y amenazas por las cosas que digo, lo cual (aunque parezca una evasión cómica del asunto) me resulta emocionante y provocativo: hace poco leí que Bolaño decía que «[no hay] honor más alto para un escritor de verdad [que] el irrefrenable deseo de [que el pueblo lo quiera] colgar en una plaza pública [por las cosas que escribe]». Noviembre será mes en que diga más.
En fin, ha sido un mes extraño. Si no lo creen, repasen las cosas que escribí en octubre. Siempre hay alguien que me lee. ¿Acaso no lo haces?
Me gusta cuando subes desnuda a la cama y colocas las manos contra la pared, me das la espalda y vas bajando en un baile para mirarme… la media luna sale en mi cuarto para mí solo y yo la alcanzo para beber de sus jugos celestiales.
Suave y abombada, da gusto dejar caer mi cabeza sobre ella, es como dejarse envolver por nubes y es como volar en un sueño cuando en realidad estás despierto. Y el sueño real es hermoso.