(No conseguí los créditos de esta fotografía.)
Una de las percepciones más contradictorias y poderosas que te puede dejar Caracas está en esa parte de la autopista Francisco Fajardo que separa dos mundos literalmente enfrentados: por un lado la clase media urbanizada en La Urbina y por el otro el desorden en Petare.
Una vez, vía a mi universidad, me fijé que muchos de los edificios de La Urbina no tenían ventanas que dieran a Petare. Y es que así es este país, lleno de muros que nos separan irremediablemente y de ventanas que cerramos para no ver al otro.








